Asomatognosia: la conciencia sin cuerpo

Asomatognosia la conciencia sin cuerpo

Que tenemos cuerpo (o, más bien, que somos cuerpo), es un hecho que damos completamente por sentado. ¡Qué locura pensar lo contrario! Estamos tan “acostumbrados” a tener cuerpo que pensar en que podemos existir sin él es algo digno de una historia de ciencia ficción.

Asomatognosia la conciencia sin cuerpo

 ¿Somos capaces, acaso, de imaginar cómo sería nuestra mente si no fuese capaz de disponer de un cuerpo? Trata de hacer el ejercicio. Trata de imaginar cómo sería tu mente si no tuvieses un cuerpo que respira, que tiene hambre, o si no tuvieses brazos para asir cosas o ejecutar acciones. Imagina que tu consciencia simplemente ha borrado al cuerpo. Ciertamente inconcebible. No obstante, como suele ocurrir, en este ámbito la realidad vuelve a superar a la ficción.

Nos referimos a la asomatognosia.

Qué es la asomatognosia

Asomatognosia significa “carencia de reconocimiento del propio cuerpo”.Es un extraño síndrome que aparece en algunos casos de infarto o derrame cerebral. Los afectados comúnmente refieren que no conciben como propio alguna parte de su cuerpo, por lo general uno de sus brazos, pero existen casos en que la asomatognosia ha afectado al cuerpo por completo: el paciente es incapaz de sentir que tiene un cuerpo.

La percepción del cuerpo nos permite usarlo con facilidad, y habitualmente es una percepción subliminal que sólo ocasionalmente se hace consciente.

No debe confundirse este síndrome con la parálisis de miembros, con paraplejías, tetraplejías o con el más extremo síndrome de enclaustramiento. No ocurre que el paciente tenga atrofiada la movilidad de la parte afectada del cuerpo ni que esas partes del cuerpo tengan atrofiada la capacidad de “sentir”, sino que es incapaz de acceder a su consciencia el hecho de que esa parte de su cuerpo o su cuerpo en general es suyo. No tiene la movilidad impedida, ni la sensibilidad en el miembro impedida. El problema está en la parte de nuestro cerebro dedicada a procesar la información corporal sensitiva.

Podemos decir que lo que está impedida es la sensibilidad del cerebro acerca de una parte o la totalidad del cuerpo. Su consciencia y por ende la persona “no es consciente” de que tiene esa parte del cuerpo o, en caso extremo, de que tiene cuerpo en absoluto.

Esta alteración de la conciencia del «yo corporal»puede ser clasificada como delirio, ya que es un juicio patológicamente falseado, con certeza absoluta, incorregible e impermeable a la experiencia propia y ajena. Es un delirio dirigido a un hemicuerpo y desencadenado por una lesión cerebral focal, generalmente vascular.

Cómo se produce la asomatognosia

Ante un síndrome tan extraño, es normal preguntarse qué es lo que ha podido ocurrir en nuestro cerebro para causar tal desvirtuación en la experiencia consciente. Dada la naturaleza de la asomatognosia, rápidamente nuestros ojos se vuelven a una región concreta de nuestra corteza cerebral, a aquella encargada de integrar la información “procedente” de nuestro cuerpo: la corteza somatosensitiva, en el área parietal de nuestro cerebro, región que “pone en común” aquellas señales sobre nuestro propio estado. Pero, ¿es ella (o más bien su fallo) la que provoca este extraño fenómeno?

Distintas lesiones cerebrales pueden causar alteraciones del esquema corporal. Según el hemisferio cerebral dañado el efecto producido será diferente.

Causadas en el hemisferio izquierdo

Autotopoagnosia

Denominada también agnosia de la imagen corporal (muy infrecuente).El término autotopagnosia significa literalmente «incapacidad para localizarpartes del propio cuerpo» pero de manera general su sentido se amplía a la localización de partes del propio cuerpo, el de otra persona o el de un modelográfico del cuerpo humano. Se aplica para designar una forma más o menos completa de incapacidad que afecta a la totalidad del cuerpo.

Agnosia digital

El término «agnosia digital» fue acuñado por Gerstmann en 1924 para definir una afectación de la capacidad para identificar los dedos de la propia mano o los de otra persona. Consideró la alteración como el núcleo del síndrome conocido posteriormente con su nombre: “síndrome de Gerstmann”

La desorientación derecha-­‐izquierda

Consiste en una incapacidad para identificar o para distinguir el lado izquierdo y derecho del propio cuerpo o del examinador. Cuando se considera la naturaleza de las tareas de discriminación derecha-­‐izquierda, es evidente que éstas requieren el concurso de diferentes habilidades cognoscitivas, tales como:

  • La dificultad del paciente debe entender las etiquetas «derecha» e «izquierda»
  • De naturaleza sensorial, como por ejemplo, «sentir» el lado derecho más grande, fuerte y pesado que elizquierdo.
  • Componente es de naturaleza conceptual, correcta identificación y manipulación de partes laterales del propio cuerpo.
  • Componente visuoespacial que entra en juego cuando señalamos las partes laterales de una persona confrontada u objetosde la derecha o la izquierda.

Causadas en el hemisferio derecho

Hemiasomatognosias

Tambien llamada negligencia unilateral no consciente.Consiste en la falta de reconocimiento del propio hemicuerpo como parte de un síndrome de negligencia unilateral.Es decir, el paciente no reconoce o la parte izquierda o derecha de su cuerpo, lo cual está  habitualmente se suele asociar en estos casos una anosognosia del defecto.

La anosognosia de la hemiplejia(no tener conciencia de la parálisis)

El mas clásico ejemplo es el cual se refirieron Anton y Babinski.

Podemos relatar el caso de un paciente que en 1972 sufrió un accidente cerebrovascular con hemiplejia, hemianestesia, hemianopsia y negligencia unilateral izquierda, con escaso compromiso de conciencia. Este negaba el defecto motor. Al preguntarle por qué estaba hospitalizado dijo «tengo los bronquios malos»; le preguntamos por qué no se levantaba y respondió «el doctor ordenó que no me levantara». Al pedirle levantar el brazo izquierdo dijo «¡Ahí voy!» y se quedó inmóvil; al insistirle un momento después confabuló diciendo «ya lo hice». En otras oportunidades levantaba el brazo derecho por el izquierdo. Le pedimos levantar ambos brazos y compararlos, y dijo «el derecho está… 10 cm más alto». Cuando le mostrábamos su brazo hipotónico, justificaba la inmovilidad diciendo «en este momento estoy cansado» y no se interesaba por analizar su incapacidad. Además suponía que podía caminar, decía que más temprano se había levantado al baño.

Misoplejia

El paciente expresa disgusto por ese hemicuerpo, e incluso lo castiga.

Somatoparafrenia

Hace referencia aun delirio por el que el paciente cree que ese hemicuerpo (o parte de él)pertenece a otra persona.La somatoparafrenia es un trastorno del esquema corporal descrito en hemiplejias izquierdas, psicosis lúcida en la cual el paciente cree que el brazo inmóvil no le pertenece.

Cómo es la experiencia de no sentir el propio cuerpo

Un llamativo caso de asomatognosia se encuentra descrito en el interesante libro “The feeling of what happens” de Antonio Damasio, uno de los neurocientíficos más prominentes del momento y que, junto a Oliver Sacks, se constituye como el que mayor número de casos ha proporcionado a la ciencia y al público interesado para probar lo extraño (y fascinante) de muchos síndromes que tienen que ver con el mal funcionamiento del cerebro.

asomatognosia

En dicho libro, Damasio aborda el tema de cómo la consciencia puede surgir en el ámbito biológico, de qué fuentes biológicas “bebe” nuestro sistema de consciencia. En uno de sus capítulos describe a una paciente, LB, que, tras sufrir un pequeño derrame cerebral en un área bastante concreta del cerebro -el área segunda del córtex somatosensitivo, parte de nuestra corteza cerebral dedicada al procesamiento de las señales sensitivas que nos envía nuestro cuerpo en interacción con el entorno y consigo mismo (propiocepción)-, sufría de “ataques” de pérdida del propio cuerpo.

Concretamente, lo que LB perdía era la información sensitiva musculoesqueletal. Ella misma informaba de que era incapaz de sentir que tenía músculo y esqueleto tanto en el torso como en los miembros. Debe remarcarse que no es que el torso o los miembros de la paciente perdieran temporalmente la capacidad sensitiva, sino que era su cerebro el que perdía temporalmente la capacidad de conjuntar la información de “tener músculos y esqueleto” con el resto de la información sensorial y de otro tipo que forma la experiencia consciente de la paciente.

La paciente describe que, la primera vez que le ocurrió uno de estos curiosos “ataques de asomatognosia”, no podía sentir su cuerpo de la manera usual. Podía sentir su corazón latiendo, pero nada “alrededor de él”. Su consciencia, por así decirlo, dibujaba a su cuerpo sin músculo ni esqueleto, como una serie de sistemas orgánicos (cardiovascular, digestivo, nervioso, etc) sin nada que los “recubriera”. No es que la paciente se mirase y no viese su cuerpo. Era su cerebro el que, al no poder procesar correctamente la información procedente de la parte musculoesqueletal de su cuerpo, la omitía de la consciencia.

asomatognosia explicacion

Antonio Damasio propone que este caso de asomatognosia percibía lo que percibía porque la lesión se hallaba en el área concreta del córtex somatosensitivo derecho, por lo que “el nivel más elevado de integración acerca del estado actual del cuerpo estaba temporalmente suspendido”. La paciente seguía sintiendo parte de su cuerpo gracias a la información procesada en niveles inferiores de integración (centros de procesamiento de la información propioceptiva localizados en el tronco encefálico, hipotálamo o córtex insular) además de la suerte de integración que podía llegar a realizar la misma región cortical en el hemisferio contrario, no tan especializado en esta tarea como la misma región en el hemisferio derecho; pero sin duda su experiencia consciente estaba trastocada. ¡Al fin y al cabo no era consciente de buena parte de sí misma!

En una entrevista que pudieron realizarle durante uno de sus ataques (recordemos que la paciente no perdía la consciencia ni la capacidad de comunicarse durante esos accesos), pudo constatarse que la paciente estaba perfectamente bien en términos de lucidez mental. Hablaba con la gente presente y sabía perfectamente dónde estaba. Como ella misma dijo:

“No perdí mi consciencia de mí misma, simplemente perdí mi cuerpo”

Antonio Damasio aprovecha este caso para reforzar su idea de que en la constitución de la consciencia adquieren más importancia algunas informaciones propioceptivas frente a otras (por ejemplo, propone que la información propioceptiva sobre vísceras o sobre homeostasis es más importante para la formación de la consciencia que la información musculoesqueletal), que podemos seguir siendo conscientes aunque nos falte parte de la información corporal. Nosotros lo tomaremos, además, como una prueba más de lo fascinante del cerebro y uno de sus productos más complejos e ininteligibles: la experiencia consciente.

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